Un hogar luminoso para vivir en familia
Hay casas que conquistan nada más cruzar la puerta. Esta, en pleno centro de Bilbao y junto a la Torre Iberdrola, lo hace por su luz: grandes ventanales de suelo a techo con vistas al Guggenheim y a los montes de Artxanda.
Pero detrás de esas vistas había un reto. La vivienda, de 150 m², tenía que funcionar cada día para una familia de seis personas con cuatro hijos pequeños. Y cuando casi todo es vidrio, quedan muy pocas paredes para colocar muebles y almacenaje.
Por eso, en esta reforma integral, la distribución fue lo primero. Mi objetivo era conseguir una casa serena, luminosa y cálida, pero completamente preparada para la vida familiar. Una casa en la que el orden no dependiera de un esfuerzo constante, sino de cómo está pensada.
La planta original estaba fragmentada, con dos comedores independientes. Eliminamos las puertas correderas y parte del tabique que los separaba, y el comedor junto a la cocina pasó a acoger todas las comidas: las del día a día y las de los días con invitados.
El antiguo comedor del salón cambió de vida. Hoy es una zona de juegos integrada, muy cerca del espacio donde descansan los adultos, para que pequeños y mayores compartan salón sin renunciar cada uno a su sitio. Un gran sofá modular articula toda la zona de estar.
Frente a él diseñé un mueble de televisión a medida que combina madera y frentes claros. Además de la pantalla, esconde varios módulos cerrados, uno de ellos reservado a los juguetes. Al terminar de jugar, todo se recoge en un momento y el salón vuelve a respirar.
La paleta acompaña esa calma: blancos rotos, beige, arena, topo y madera natural, con matices en negro, fibras vegetales y pequeñas notas de color. Recuperamos el pavimento original de madera, acuchillado y barnizado, y a partir de él elegimos mobiliario, textiles y papeles pintados con efecto textil.
La cocina abierta, totalmente renovada con Santos Cocinas, combina los acabados Cashmere y Olmo Claro con frentes lisos sin tiradores. Por dentro, cada cosa tiene su sitio: cajones organizados, cuberteros, cuchilleros y especieros que mantienen el orden en la estancia más usada de la casa. La encimera de Dekton Nara y los electrodomésticos Miele en negro conectan con los detalles oscuros del resto de la vivienda. Junto al comedor, un módulo desayunador agiliza las mañanas.
En el comedor, una mesa de madera extensible acoge a los seis y crece cuando llegan invitados. Dos lámparas colgantes marcan su lugar dentro del espacio abierto, sin necesidad de tabiques.
El recibidor escondía un reto técnico: el cuadro eléctrico. Lo integramos en un mueble a medida que, además, es banco para descalzarse y zapatero para toda la familia. Porque en una casa con cuatro niños, el orden empieza en la puerta.
El dormitorio principal se convierte en un refugio. Un papel pintado de efecto textil viste la pared del cabecero, acompañado de un cabecero tapizado, mesillas de madera y luces de lectura. Los textiles en mostaza y tierra aportan calidez y ese punto acogedor que invita a desconectar.
En los dormitorios infantiles conservamos parte del mobiliario de la familia y renovamos la decoración y los textiles con tonos suaves, matices grises, fibras naturales y tejidos cálidos. Porque diseñar bien también es saber qué mantener.
Hoy, esta vivienda, publicada en la revista Nuevo Estilo, no es solo una casa bonita con vistas. Es un hogar que funciona para seis personas, donde cada mueble tiene una razón de ser y la luz llega a cada rincón.
Un hogar donde todo tiene su sitio.
Un hogar que crece con la familia.
Un hogar pensado para disfrutar cada día.



















